El comedor de la casa de campo de Simón no era el mejor lugar para tener esa conversación. Laura lo sabía. Las fotografías sobre la chimenea aún le molestaban. Y tenía claro que, si Gloria y Elsa se fijaban en ellas, saldrían corriendo de allí. Pero no había alternativa. Afuera seguía lloviendo, y ninguno de los cuatro podía marcharse hasta resolver aquello que los había reunido. Una vez más, en aquella casa y en medio de una tormenta.
—Tienes que elegir —Dijo Laura, dejándose caer en el sofá de cuero. El mueble chirrió bajo su peso cuando Gloria la acompañó y se sentó con ella en silencio.
—No puedo —respondió Simón, sin mirarla—.
—¿Por qué no? —preguntó Elsa, con una risa nerviosa. Se acercó a la chimenea, como si buscara calor o una salida.
—Vamos, joder —intervino Laura, impaciente—. Es solo una decisión. Y es bien sencilla.
—¿Sencilla? —replicó Simón—. Ni de coña es sencilla. Pero si tan claro lo tienes, quiero oírte a ti, Laura. Si fueras tú, ¿qué harías?
Elsa se mordió el labio y dejó atrás la chimenea. Se apoyó en el ventanal, observando la lluvia golpear los cristales, esperando la respuesta de su hermana.
—Me iría —Laura se levantó de golpe—. Me iría y no volvería nunca. Pero tú haz lo que quieras. Es tu maldita elección. No es a mí a quien han acusado de homicidio.
—Laura, no seas tan dura —intervino Elsa en voz baja.
—Cállate, Elsa —respondió Laura sin mirarla—. Si no nos damos prisa, esa mujer se lo contará a la prensa y la reputación de nuestra familia se verá en problemas.
Simón suspiró.
—Bueno, voy a preparar café —anunció, levantándose despacio. —Y lo pensaremos bien… los cuatro.
El silencio que siguió pesó en el comedor más que cualquier trueno del exterior.

Recuerda que los fallos son sobre la construcción y puntuación de los diálogos.
Te puede gustar más o menos el texto, que pertenece a un fragmento sin contexto, pero es normal que sin el resto de la historia resulte extraño. Ahora solo evaluamos la parte técnica.